El tiempo es el recurso más escaso en la lucha contra el cambio climático. Con los países del mundo afinando los detalles de la próxima cumbre del clima y asegurándose de cumplir los compromisos de descarbonización, científicos e ingenieros están investigando vías más directas para reducir a corto plazo el dióxido de carbono atmosférico.
En los últimos meses ha surgido el concepto de secuestro de carbono como una estrategia complementaria al uso dominante de energías renovables y a las iniciativas indirectas de reforestación.
A continuación se presentan cinco tecnologías principales de secuestro de carbono:
- **Captura y almacenamiento de carbono (CCS)**
- **Captura directa del aire (DAC)**
- **Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS)**
- **Mineralización**
- **Secuestro de carbono oceánico**
- Captura y almacenamiento de carbono (CCS)
El principio de la CCS es capturar el carbono antes de que escape a la atmósfera de las centrais, plantas industriales o procesos de combustión. Se emplean distintas técnicas, desde la separación de gases de combustión hasta la oxicombustión, que permite obtener CO₂ casi puro. Una vez capturado, el CO₂ se inyecta en formaciones geológicas subterráneas o se convierte en materia prima para otros procesos industriales, reduciendo su liberación final.
- Captura directa del aire (DAC)
La captura directa del aire es más flexible: grandes sistemas de extracción se instalan prácticamente donde se desee. El aire se inhala y el CO₂ se retira mediante disolventes líquidos o sorbentes sólidos que se enlazan con el carbono. Tras la captura, el CO₂ se libera con presión o calor y se transporta para su almacenamiento o uso como materia prima. Si bien el costo actual es elevado, se espera que se reduzca a medida que la tecnología madure.
- Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS)
Dado que las plantas absorben grandes cantidades de CO₂, otra vía implica la biomasa. Residuos agrícolas y vegetales se convierten en biocombustibles que generan calor o electricidad, o se queman directamente. Los gases resultantes se gestionan con técnicas similares a la CCS, pues se captura el carbono antes de que se libere la atmósfera. El resultado es una eliminación neta de CO₂.
- Mineralización
La mineralización es una de las técnicas más recientes. Se basa en reacciones químicas naturales que transforman el CO₂ en carbonatos sólidos y estables. Minerales como el basalto o la olivina participan en esta reacción. En entornos industriales se puede producir carbonato de calcio, que luego se incorpora al cemento para fabricar hormigón sin carbono o con carbono negativo.
- Secuestro de carbono oceánico
El océano es uno de los sumideros naturales de carbono, absorbiendo casi la cuarta parte de las emisiones globales junto con bosques y suelos agrícolas. Por ello, investigadores proponen potenciar esta capacidad de manera artificial. Dos enfoques son: (1) añadir polvo de piedra caliza para aumentar la alcalinidad, generando bicarbonato a partir del CO₂ del agua; (2) fertilizar el océano con nutrientes como hierro, promoviendo el crecimiento del fitoplancton que absorbe CO₂ mediante fotosíntesis. Hasta ahora, su aplicación a gran escala se ve limitada por altos costos y posibles riesgos ambientales.
En la práctica, muchas de las tecnologías de secuestro de carbono no son viables económicamente a gran escala en el momento. Sin embargo, existen soluciones que permiten reducir el CO₂ en procesos industriales ya existentes. Un ejemplo es el uso de escorias industriales para disminuir el consumo de CO₂ en la producción de hormigón. ACCIONA ha desarrollado “hormigón verde” en el puerto de Cádiz que reduce las emisiones en un 27 %, una medida que demuestra el potencial de la ingeniería para apuntalar los esfuerzos climáticos sin crear nuevas fuentes de carbono.




